SANTO DOMINGO.– Apenas comienza a bajar la intensidad de las controversias internas que rodearon la escogencia de la Secretaría Nacional de Organización del Partido Revolucionario Moderno (PRM), otro frente parece abrirse dentro de la organización oficialista. Esta vez, los ataques tienen como blanco a Elizabeth Mateo, Secretaria Nacional de Comunicaciones y una de las dirigentes que ha acompañado desde esa posición una etapa determinante de la historia política reciente del partido.
Mateo asumió la Secretaría Nacional de Comunicaciones en julio de 2018, coincidiendo con la llegada de Carolina Mejía y José Ignacio Paliza a la Secretaría General y la Presidencia del PRM, respectivamente. Desde entonces han transcurrido ocho años en los que el partido pasó de ser la principal fuerza opositora a conquistar el poder en 2020 y retenerlo ampliamente en las elecciones de 2024.
Durante ese trayecto, la comunicación constituyó una pieza fundamental de la estrategia política del PRM.
Primero correspondió comunicar desde la oposición, posicionar las propuestas partidarias y acompañar el crecimiento de una organización que buscaba desplazar del poder a una estructura política que había gobernado durante 16 años. Después de la victoria de 2020 llegó un desafío distinto: ejercer la comunicación partidaria desde el poder, defender las posiciones institucionales del PRM y mantener articulados sus mensajes en medio de las naturales contradicciones que genera gobernar.
Por eso llama poderosamente la atención que precisamente ahora, cuando el PRM inicia una nueva etapa de reorganización interna, surjan cuestionamientos y ataques contra quien ha encabezado durante todo ese período su Secretaría Nacional de Comunicaciones.
Los señalamientos que circulan contra Mateo han sido atribuidos, dentro del debate partidario, a sectores vinculados con las recientes confrontaciones por el control de posiciones estratégicas de la organización. De confirmarse que existe una acción coordinada para desacreditarla, estaríamos ante una práctica preocupante: sustituir el debate político y la evaluación objetiva de resultados por campañas personales de descrédito.
La reciente escogencia de Gloria Reyes como Secretaria Nacional de Organización estuvo precedida por movimientos, presiones y negociaciones entre diferentes corrientes del PRM. Finalmente, el partido logró presentar una fórmula de consenso. Sin embargo, las heridas que dejan este tipo de procesos no siempre desaparecen cuando concluye una asamblea.
Y ahí está precisamente el peligro.
Si después de resolver la Secretaría de Organización la lucha interna se traslada hacia Comunicaciones o cualquier otra área estratégica, el PRM corre el riesgo de convertir su proceso de renovación en una sucesión permanente de conflictos entre grupos.
Elizabeth Mateo puede ser evaluada. Como cualquier dirigente que ocupa una posición partidaria durante ocho años, su gestión puede ser discutida, cuestionada e incluso sometida a renovación. Eso forma parte de la democracia interna.
Pero una cosa es evaluar una gestión y otra muy diferente intentar destruir una reputación.
Los resultados políticos constituyen también un parámetro objetivo para cualquier evaluación. Mateo recibió la responsabilidad de Comunicaciones cuando el PRM estaba en la oposición; dos años después el partido conquistó la Presidencia de la República y una amplia representación congresual y municipal. Cuatro años más tarde volvió a ganar de manera contundente las elecciones de 2024.
Naturalmente, esas victorias no pertenecen a una sola persona ni pueden atribuirse exclusivamente a una secretaría. Fueron el resultado del liderazgo, la estrategia electoral, las estructuras territoriales, los candidatos, la militancia y múltiples equipos especializados. Pero tampoco sería razonable desconocer el papel desempeñado por la comunicación partidaria durante este período exitoso de 8 años.









