La competencia interna por la futura candidatura presidencial del Partido Revolucionario Moderno comienza a tomar forma alrededor de varias figuras que han sido mencionadas públicamente como potenciales aspirantes. En ese escenario aparece David Collado, alrededor de cuyo proyecto se ha construido una narrativa particular: la afirmación reiterada de que todavía “no ha salido” a competir.
Pero esa narrativa abre una interrogante inevitable: ¿qué significa realmente no haber salido?
Porque una cosa es no realizar una proclamación formal y otra muy distinta es que alrededor de una figura política se organicen equipos, reuniones, actividades y estructuras territoriales orientadas a promover una eventual candidatura presidencial.
Si, como sostienen dirigentes y actores políticos, existen comandos de apoyo a David Collado distribuidos territorialmente y personas trabajando en la articulación de su proyecto, resulta legítimo preguntarse hasta qué punto puede sostenerse el argumento de que todavía no existe una aspiración en marcha.
Una candidatura presidencial no comienza necesariamente el día de su proclamación. Mucho antes aparecen los contactos, la organización territorial, los equipos políticos, la promoción de la figura y la construcción de una estructura capaz de sostenerla cuando llegue el momento formal.
En el caso de Collado, además, su posicionamiento político no comenzó ayer. Su trayectoria electoral y su exposición pública se remontan a muchos años atrás. Por eso, presentar su situación actual simplemente como la de alguien apartado de cualquier dinámica presidencial merece, como mínimo, ser contrastado con lo que ocurre alrededor de su proyecto.
La ausencia de la vida partidaria
Existe, además, otra dimensión del debate.
Una parte de las críticas internas no se concentra únicamente en determinar si Collado está o no haciendo campaña. También cuestiona su nivel de participación en la cotidianidad política del PRM.
Sus críticos señalan su limitada presencia en determinadas actividades partidarias, encuentros de dirigentes y otros espacios de interacción política. Incluso cuestionan sus ausencias en momentos institucionales o sociales importantes para la organización.
Aquí aparece entonces una segunda pregunta: ¿la decisión de mantenerse distante responde realmente a restricciones electorales o constituye una estrategia política?
Son asuntos diferentes.
El cumplimiento de las disposiciones electorales no necesariamente implica abandonar la interacción ordinaria con los dirigentes de una organización política. Una cosa son los límites establecidos para determinadas modalidades de proselitismo y otra la participación institucional de un dirigente dentro de su propio partido.
Por eso, utilizar el argumento de que “todavía no ha salido” para explicar toda ausencia política puede terminar generando más preguntas que respuestas.
El compromiso que implica aspirar
Detrás de esta discusión existe posiblemente un asunto todavía más importante: el compromiso político.
Quien aspira a dirigir un país no solamente necesita popularidad, posicionamiento público o una estructura electoral. En algún momento necesita sentarse frente a los dirigentes, escucharlos, conocer sus preocupaciones, responder preguntas y construir relaciones políticas.
Eso implica exponerse.
Implica escuchar reclamos, asumir posiciones y establecer compromisos.
Y precisamente ahí podría encontrarse el verdadero centro del debate alrededor de la estrategia política de David Collado.
Porque mientras se mantenga la tesis de que “todavía no ha salido”, puede mantenerse también cierta distancia respecto de las obligaciones políticas que normalmente acompañan una aspiración presidencial.
Sin embargo, esa estrategia encuentra su límite cuando simultáneamente aparecen estructuras trabajando para posicionar el proyecto.
No resulta sencillo sostener indefinidamente las dos cosas: una candidatura organizada territorialmente y, al mismo tiempo, un candidato presentado como ajeno a la competencia.
Una definición que tarde o temprano tendrá que llegar
David Collado tiene derecho a escoger el momento y la estrategia mediante los cuales defina públicamente cualquier eventual aspiración presidencial.
Pero dentro de una organización política también resulta razonable que sus dirigentes quieran saber quiénes pretenden conducirla hacia una próxima elección y, sobre todo, qué relación quieren construir con las bases y estructuras del partido.
Por eso, la discusión alrededor de Collado podría terminar siendo mucho más profunda que determinar cuándo anunciará formalmente sus aspiraciones.
La pregunta fundamental puede ser otra:
¿Estamos frente a un dirigente que todavía no ha comenzado su proyecto presidencial o frente a un proyecto que ya está funcionando, pero cuyo principal protagonista ha decidido mantenerse distante del compromiso político directo que supone reconocerlo?
Esa diferencia será cada vez más difícil de explicar mientras continúen creciendo las estructuras, reuniones y movimientos políticos alrededor de su figura.
Porque en política se puede retrasar una proclamación.
Lo que resulta mucho más difícil es construir una candidatura y, al mismo tiempo, convencer a todos de que todavía no existe.









