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miércoles, 21 de octubre, 2026

Chú Vásquez, esencia y símbolo de la base perremeísta

La reciente discusión sobre la trayectoria partidaria de David Collado ha puesto a Jesús «Chú» Vásquez Martínez en el centro del debate interno del Partido Revolucionario Moderno. Pero reducir a Chú a una declaración sería desconocer una historia política construida durante décadas, primero en el PRD y luego en la fundación y consolidación del PRM.

Chú pertenece a una generación de dirigentes que conoce al partido desde sus comités, sus municipios y sus bases. En María Trinidad Sánchez construyó un liderazgo provincial de larga duración y representó a esa demarcación en el Senado durante cuatro períodos consecutivos, de 1994 a 2010. Presidió el Senado entre 2003 y 2004 y, años después, asumió el Ministerio de Interior y Policía. Hoy es cónsul general de la República Dominicana en Nueva York. Fue, además, el primer secretario general del PRM y continúa siendo miembro de su Dirección Ejecutiva.

Esa trayectoria explica por qué tantos perremeístas lo identifican con la vida orgánica del partido. Chú representa al dirigente que ha recorrido el territorio, conoce a la militancia y ha asumido responsabilidades tanto en la oposición como en el gobierno. Su vínculo con las bases no nació de una coyuntura electoral: forma parte de su manera de hacer política.

Por eso conviene atender a lo que realmente dijo sobre Collado. Chú aclaró que no estaba negando que el ministro de Turismo pertenezca al PRM. Su planteamiento fue que Collado no ha desempeñado responsabilidades políticas internas ni ha desarrollado el trabajo orgánico que, a su juicio, define a un dirigente partidario. Esa distinción puede discutirse; deformarla para convertir el debate en una disputa sobre si Collado es o no miembro del partido impide examinar el argumento de fondo.

Las respuestas no se han hecho esperar. Alfredo Pacheco defendió la trayectoria política de Collado y llegó a decir que Chú parecía sufrir «un poquito de amnesia». Hay espacio para defender a Collado y para discrepar de Vásquez. Lo que merece cuidado es el respeto debido a un compañero cuya contribución a la organización está documentada. Ninguna diferencia entre proyectos presidenciales debería borrar la historia de quienes ayudaron a levantar el PRM.

Chú también conoció el peso de un proceso judicial: fue investigado en el caso Odebrecht y posteriormente descargado, sin ser enviado a juicio de fondo. Ese episodio forma parte de su trayectoria pública y exige precisión al recordarlo, sin presentar como hecho probado una motivación de persecución política.

El PRM tiene ante sí una discusión legítima sobre liderazgo, arraigo y futuro. Puede reconocer los cargos electivos y la proyección pública de David Collado al mismo tiempo que escucha la inquietud de Chú sobre el trabajo cotidiano con la militancia. Responder a esa inquietud con argumentos fortalecería al partido mucho más que los ataques personales.

Chú Vásquez no necesita que se silencie el debate para que se reconozca su lugar. Su historia, desde las bases del viejo PRD hasta la primera Secretaría General del PRM, habla por sí sola. En ella muchos perremeístas ven una parte de su propia historia. Por eso, para ellos, Chú sigue siendo esencia y símbolo de la base perremeísta.

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