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lunes, 15 de junio, 2026

*FEDODIM: cuando contar votos se convierte en una amenaza*

En política hay momentos que sirven para medir mucho más que una candidatura. Sirven para medir fuerza real, capacidad de organización, control territorial, madurez para negociar y disposición democrática para someterse al conteo.Eso es precisamente lo que ha ocurrido alrededor de FEDODIM.La Federación Dominicana de Distritos Municipales no es una estructura menor. FEDODIM agrupa a los 235 distritos municipales del país, una red de gobiernos locales que representa cerca del 60 % de todas las entidades municipales de la República Dominicana. A través de sus directores y vocales se articula la gestión de comunidades que concentran aproximadamente una cuarta parte de la población nacional y una porción significativa del territorio dominicano. Allí se expresa el territorio profundo, el liderazgo local, la relación directa con las comunidades y la capacidad de los proyectos políticos para organizarse más allá de los titulares, las fotos y las declaraciones públicas.Por eso, lo sucedido con su asamblea no puede verse como un simple conflicto interno. Tiene una lectura institucional, pero también una lectura política inevitable.La asamblea eleccionaria estaba llamada a escoger las nuevas autoridades de la federación. Sin embargo, el proceso terminó suspendido, recesado y envuelto en cuestionamientos. En lugar de permitir que los votos hablaran, el desenlace dejó más preguntas que respuestas.Y en política hay una pregunta que pesa más que cualquier discurso: si alguien dice tener mayoría, ¿por qué no permitir que se cuente?Ese es el punto de fondo.La versión institucional defendía la validez de una plancha. Del otro lado, sectores que impulsaban una propuesta alternativa reclamaban condiciones de participación y advertían que no se podía hablar de legitimidad si una parte del liderazgo territorial quedaba fuera del proceso. Ahí el debate dejó de ser puramente procedimental y pasó a tocar un punto esencial: la legitimidad.Porque una cosa es ganar una elección y otra muy distinta es evitar que la elección se produzca.En democracia interna, la mayoría no se proclama: se demuestra. Se demuestra en el padrón, en la asamblea, en las urnas y en el conteo. Todo lo demás puede servir para construir percepción, pero no sustituye el voto.En el trasfondo político, la lectura es clara. La plancha considerada oficial ha sido asociada a la corriente de David Collado, un liderazgo que ha proyectado públicamente una imagen de amplia mayoría dentro del PRM. Del otro lado, la fuerza vinculada a Carolina Mejía, en articulación con sectores relacionados a Wellington Arnaud, mostró una capacidad real de competencia dentro de los distritos municipales.Y ahí es donde FEDODIM se convierte en termómetro.Porque una cosa es decir que se tiene mayoría y otra es permitir que esa mayoría se mida frente a las autoridades territoriales. Una cosa es proyectar fuerza desde la comunicación y otra es sostenerla cuando llega el momento de contar votos.La fuerza de Carolina tenía mayoría. Pero más importante todavía: estaba dispuesta a contar los votos.Eso marca una diferencia política profunda.Quien se sabe fuerte no le teme al conteo. Quien tiene los votos no necesita esconderse detrás de maniobras, recesos o interpretaciones convenientes. Si la mayoría está ahí, se abre el proceso, se vota, se cuenta y se cierra el debate.Por eso, la suspensión o el receso de la asamblea no fortalece a quien decía tener el control. Al contrario, instala una duda inevitable: si la mayoría era tan clara, ¿por qué no dejar que se expresara?Pero hay un segundo elemento igual de importante: la fuerza de Carolina no solo mostró disposición a competir; también mostró capacidad de pactar.Y eso, en política, vale mucho.Porque tener votos es una cosa. Tener organización es otra. Pero tener votos, organización y capacidad de sentarse en una mesa de negociación demuestra un nivel superior de madurez política.Las fuerzas de Carolina Mejía y Wellington Arnaud fueron capaces de sentarse, conversar, negociar y construir una posición común. Ese gesto envía un mensaje contundente con miras al 2027: hay sectores dentro del PRM que no solo tienen presencia territorial, sino también capacidad de articular, ordenar y sumar.Eso no es debilidad. Eso es política seria.En un partido de gobierno, donde naturalmente conviven aspiraciones, liderazgos y proyectos de futuro, la capacidad de pactar es una señal de inteligencia estratégica. Los liderazgos que no pueden conversar se aíslan. Los que no pueden sumar se reducen. Los que no pueden negociar terminan dependiendo únicamente de la propaganda.Pero los liderazgos que tienen territorio, que están dispuestos a medirse y que además pueden pactar, empiezan a construir poder real.Ahí está la diferencia.Lo de FEDODIM deja una enseñanza importante: la mayoría no solo se mide contando votos; también se demuestra cuando distintas fuerzas son capaces de sentarse, pactar y avanzar.Y eso fue exactamente lo que ocurrió con la fuerza de Carolina.Tenía votos. Quería contarlos. Y supo pactar.Esa combinación explica por qué lo sucedido genera tanta preocupación en algunos sectores. Porque FEDODIM no era simplemente una elección gremial. Era una prueba territorial. Era una medición de fuerza municipal. Era una fotografía anticipada de cómo se están moviendo las estructuras de cara al próximo ciclo político interno.Y cuando una fuerza política demuestra que puede competir, contar y pactar, se convierte en un actor que no puede ser ignorado.Por eso, intentar reducir este episodio a un problema de procedimiento sería quedarse en la superficie. El fondo es mucho más político. Si una corriente proyecta mayoría, pero evita el conteo; y otra corriente reclama votar, demuestra fuerza territorial y además muestra capacidad de negociación, la lectura se cae por su propio peso.La fuerza real no siempre es la que más ruido hace. Muchas veces es la que organiza en silencio, suma en el territorio y aparece con votos cuando llega el momento decisivo.FEDODIM dejó claro que Carolina Mejía no es solo una figura con simpatía pública. También tiene estructura, interlocución y fuerza territorial. Y eso, en política, pesa.También dejó claro que la articulación con sectores como los de Wellington Arnaud puede convertirse en un mensaje de alto impacto dentro del PRM: cuando hay madurez para pactar, hay posibilidad de construir mayoría. Y cuando hay mayoría con capacidad de pacto, hay proyecto de poder.La salida institucionalmente correcta siempre debió ser sencilla: reglas claras, padrón transparente, participación en igualdad de condiciones y votación. Nada más. Si alguien tenía mayoría, el conteo lo confirmaba. Si no la tenía, el conteo lo desmentía.Pero evitar el conteo nunca deja una victoria limpia. Deja sospechas.En política, la legitimidad no se impone; se gana. Y se gana permitiendo que los votos hablen.Por eso, lo ocurrido en FEDODIM debe leerse con cuidado. No solo por lo que pasó, sino por lo que reveló. Reveló quién estaba dispuesto a medirse. Reveló quién tenía capacidad de articular. Reveló quién podía pactar. Y reveló que el territorio no siempre responde a la narrativa que algunos intentan vender desde arriba.La fuerza de Carolina salió de este episodio con tres mensajes claros: tenía mayoría, quería contar los votos y fue capaz de pactar.Esa es una señal poderosa.Porque en política, quien tiene mayoría no le teme a las urnas. Y quien además sabe pactar, no solo compite: construye futuro.

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