Por Jeffri Mateo Alcántara
En la vida, no todos estarán de acuerdo con lo que pensamos, decimos o publicamos. Algunos apoyarán, otros criticarán. Sin embargo, hay una verdad innegable: las consecuencias de nuestras decisiones las enfrentamos nosotros, no los demás.
Cuando atravesamos momentos difíciles, solemos descubrir cuán solos estamos. Aquellos que en apariencia nos “animan” a expresarnos, muchas veces lo hacen con intereses ocultos. No lo hacen por empatía, ni por solidaridad, sino porque esperan que tú digas lo que ellos no se atreven a decir, simplemente porque no fueron tomados en cuenta o porque quieren usar tu voz como instrumento de su frustración.
He sido testigo de cómo se celebra al que se atreve a enfrentar lo injusto, pero también he visto cómo, llegado el momento de actuar, muchos se esconden tras excusas, y los mismos que aplaudían son los primeros en filtrar información no para ayudar, sino para hacer daño. Esa doble moral ya no sorprende: la reconocemos en quienes no suman, en quienes solo critican por no estar en el lugar que desean.
Y es ahí donde me hago una pregunta profunda:
¿Dónde estaban esos “aliados” cuando uno tenía una buena posición?
¿Te llamaron entonces? No, porque te consideraban inalcanzable.
Ahora que otros avanzan, todo parece estar mal para ellos.
La vida me ha enseñado que si no vamos a construir, es mejor dejar que el río siga su cauce. No cargues luchas que no son tuyas. No enfrentes batallas ajenas que solo nacen de la envidia o el rencor.
Vive tu vida con propósito, contribuye con lo que puedas, y recuerda: lo que hablarán de ti mañana dependerá de lo que dejaste construido, no de lo que destruiste.




