Carolina Mejía encarna una posibilidad histórica: convertirse en la primera presidenta de República Dominicana. Primera alcaldesa de la capital y reelegida con 61.11% en 2024, ha demostrado que su liderazgo puede construir mayorías.
No es un fenómeno aislado. En 2024, Claudia Sheinbaum ganó la presidencia de México con 59.76%; Netumbo Nandi-Ndaitwah, la de Namibia con 57%. Las mujeres no solo reclaman espacios: conquistan el respaldo para dirigir naciones.
Según ONU Mujeres, 30 mujeres ejercen como jefas de Estado o de Gobierno en 28 países. Su presencia parlamentaria mundial pasó del 11% en 1995 al 27.5% en 2026; en América Latina y el Caribe alcanza el 37%. Es una transformación histórica, aunque todavía desigual.
Las elecciones de medio término estadounidenses del pasado 3 de noviembre refuerzan esa señal. Al corte provisional del día 4, se registraban 121 representantes, lo que representaba ya un 27.8% de la Cámara, 7 senadoras y 15 gobernadoras elegidas. En 2027 habrá al menos 17 gobernadoras: el 34% de los estados, un récord.
Keisha Lance Bottoms y Deb Haaland serán, respectivamente, las primeras gobernadoras afroamericana e indígena de Estados Unidos. No todo avanza por igual: la representación femenina en el Senado disminuirá. Pero las barreras que parecían inamovibles están cediendo.
Estos resultados no prueban que se vote por una mujer solo por ser mujer. Demuestran algo mucho más importante: que el liderazgo femenino puede convocar mayorías y ocupar el centro del poder.
Carolina Mejía consolida su aceptación ciudadana y suma respaldos políticos de peso. Su victoria municipal no garantiza un triunfo presidencial, pero sí demuestra su capacidad para construir mayorías. A ese capital electoral se añade su avance en la contienda interna del PRM, donde ha logrado cerrar una brecha importante y situarse a la cabeza de las preferencias. República Dominicana podría ser el próximo escenario donde una mujer conquiste la confianza mayoritaria para dirigir la nación. Y Carolina tiene ante sí la oportunidad de convertir esa posibilidad en un hito histórico: ser la primera presidenta del país.










